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Madera sin nudos y con riesgos

15/04/2019



Ing. Agr. Nicolás Lussich.

La forestación es uno de los sectores más dinámicos de la economía. En los últimos tiempos se ha desplegado con mayor éxito el subsector de producción de madera para celulosa, que tiene a UPM y a Montes del Plata como actores principales.

Contrariamente, el subsector vinculado a la producción de madera física (la que no se altera químicamente y mantiene sus propiedades estructurales) ha tenido más dificultades. La producción de tableros contrachapados (a partir del debobinado de troncos) y madera aserrada, enfrenta restricciones de mercado y costos locales elevados que no ayudan a la actividad industrial. Grandes proyectos para instalar plantas industriales en estos rubros, configurados en su momento por la estadounidense Weyerhaeuser, quedaron acotados a una sola planta, que se vendió recientemente a un grupo liderado por el banco brasileño BTG Pactual, junto con una importante área de bosques. Urupanel -la otra empresa de tableros-quedó por el camino. El número de aserraderos cayó, si bien se han incorporado algunos nuevos de mayor escala y eficiencia (caso de Frutifor).

En la base forestal de este subsector, las dificultades de desarrollo industrial implican que la madera en pie tenga una salida trabajosa y de poco o nulo margen. En especial ha sido difícil la comercialización de pinos, pues los montes de esta especie están mayoritariamente en el norte, lejos de los puertos, por lo que los costos de fletes (altísimos en Uruguay) los dejan fuera de precio. Aun así, ante la oportunidad de concretar ventas y pensando en replantar áreas con Eucaliptus, recientemente se han vendido importantes volúmenes de pino a China, potente demandante también de estos productos.

Desafíos similares enfrentan las colocaciones de Eucaliptus grandis para debobinado o aserrío. Las exportaciones en este caso han sido menores y hay empresas con buena experiencia en procesamiento y trayectoria comercial, pero se prevé que la oferta aumente paulatinamente a volúmenes mucho mayores. A diferencia de los destinados a celulosa, estos Eucaliptus son conducidos para que los árboles tengan diámetros mucho mayores, con podas y raleos acordes, lo que permite producir madera sin nudos, con propiedades adecuadas para construcción, mueblería y apariencia (revestimientos).

A pesar de este panorama difícil, hay algunos síntomas de mayor dinámica en el escenario de la producción de madera física. Por un lado, la decisión del fondo de la Universidad de Harvard de desprenderse de sus activos forestales (mayoritariamente de Eucaliptus para aserrío) concitó interés de diversos actores para comprarlos; finalmente fueron adquiridos por las AFAPs, a través de un nuevo fideicomiso estructurado por Agroempresa Forestal. Esta firma ya tenía en funcionamiento otros tres fideicomisos con fondos de AFAPs, de manera que acumula una superficie de más de 100.000 hectáreas, con una inversión acumulada de más de U$S 600 millones (ver cuadro). La valuación de los activos generó discusiones en el sector, atento a las dificultades de mercado descriptas para estos productos, especulándose que se habría pagado un precio exagerado. Desde la empresa se informó que hubo una valuación independiente, de la consultora brasileña BM2C, que estableció un valor 5% inferior al efectivamente pagado.

Según el director de Agropempresa Forestal, Francisco Bonino, el escenario para estas inversiones es positivo a largo plazo. “La madera de Eucaliptus de buena calidad se vende en Uruguay a precios iguales o superiores a Nueva Zelanda. En el caso del pino, efectivamente hay dificultades, pero el proyecto plantea ciclos largos y -eventualmente- replantar con Eucaliptus”, explicó en Radio Carve.

El Ferrocarril Central puede facilitar los negocios de los montes más alejados, al abaratar fletes. Por otra parte, Agroempresa Forestal está desarrollando convenios de largo plazo con compradores chinos, para establecer volúmenes de venta estables y de mayor escala.

Aunque pueda llamar la atención, la exportación de madera en bruto (troncos) conlleva desafíos logísticos similares o incluso mayores a productos aparentemente más delicados, como carnes o lácteos. Estos troncos valen si llegan con alta humedad (verdes) a destino, de lo contrario, la capacidad de los compradores (chinos, vietnamitas) para trabajarlos y procesarlos se dificulta, lo que puede interrumpir las ventas.

Para mantener la humedad de los troncos la cadena logística tiene que estar muy bien aceitada. Hasta ahora se han exportado dentro de contenedores, lo que ayuda, aprovechando los “retornos” de las importaciones. Si se piensa en mayores volúmenes, el número de contenedores puede ser una limitación; se precisarían acopio con riego para mantener la humedad, bodegas especiales, etc. Ya hay empresas uruguayas con experiencia, pero a escalas menores. Los negocios de Agroempresa Forestal son más ambiciosos y seguramente exigirán inversiones importantes.

Los fideicomisos previos de la firma han tenido suerte dispar. El primero ingresó al mercado con precios de la tierra relativamente elevados, lo que ha implicado ciertas pérdidas en la medida que el precio se ha moderado en los últimos años. Con los siguientes fondos este efecto se atenúa y se generaron márgenes positivos.

En opinión de algunos analistas y actores del mercado, la tierra forestal en Uruguay habría llegado a un aparente “piso” de precio y se está configurando un escenario más propicio para retomar inversiones. A esto ayuda la decisión de la Reserva Federal de EEUU de mantener la tasa de interés, cuando la expectativa previa era de que ésta aumentara. En este contexto, algunos grupos chilenos, entre otros, han mostrado renovado interés en invertir.

En cualquier caso, hay dos factores clave que condicionan las proyecciones. Por un lado -claro está- los mercados: Uruguay ha hecho muy poco para abrir mercados nuevos para los productos de madera y en el Mercosur Brasil es un gran productor, de manera que el mercado regional no es una opción atractiva. Es necesario generar esos espacios y China es un socio clave (gráfico), lo mismo Vietnam e Indonesia, donde se han colocado interesantes volúmenes de madera aserrada. Pero sin acceso preferencial y con distancias que juegan en contra, Uruguay pagará -seguramente- un sobrecosto.

Esto no lo entienden los sindicatos del sector y aquí surge el otro factor. En estos días el Sindicato de Obreros de la Industria de la Madera y Afines (SOIMA) está movilizándose, con paros y asambleas, reclamando mejoras salariales y en las condiciones de trabajo. Sin mayores consideraciones de productividad o circunstancias de mercado que atraviesen las empresas, los sindicatos plantean aspiraciones que, en muchos casos, no son sostenibles, lo que termina costando empleos. No es el único factor, pero la falta de consideración de la parte sindical no ayuda a sostener empresas industriales forestales que pueden ser importantes como generadoras de empleo. El caso de Urupanel fue un lamentable ejemplo.

Si no hay cambios en la política laboral y si no se avanza en una política comercial más dinámica, será difícil concretar la aspiración de un desarrollo industrial con alto valor agregado, en la madera u otros rubros. Todos estos riesgos están presentes en las recientes inversiones. Las oportunidades están, pero hay que concretarlas.

Las plantas de celulosa son claves porque parte de la madera de los bosques para aserrío, va de todas formas para celulosa (las puntas, raleos, etc.). Pero si no mejora la competitividad para la madera sólida, irá para celulosa más madera de la pensada.

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