Economía

El “desafío” es “dar un paso más hacia la bioeconomía y una economía forestal circular”


El sector forestal “ha continuado su crecimiento” y el año pasado “estuvimos en el primer lugar de exportaciones del país”, lo que “nos dio más visibilidad de la que ya teníamos”, dijo a la revista Forestal el presidente de la Sociedad de Productores Forestales (SPF) del Uruguay, Ing. Agr. Carlos Faroppa.

Entrevistado por María José Fermi para la publicación oficial de la gremial, afirmó que “el sector está para crecer más”.

Faroppa –que realizó estudios de especialización en Suecia, Italia, Finlandia y Perú– ha asesorado, diseñado, ejecutado y dirigido proyectos de plantación, replantación, cosecha y ordenamiento forestal para empresas y organizaciones uruguayas y multinacionales.

Celulosa y madera sólida

“Básicamente, tenemos dos cadenas productivas (en el sector): la celulósica y la de madera sólida”, manifestó Faroppa, un agrónomo de orientación forestal recibido en la Facultad de Agronomía (FAGRO) de la Universidad de la República (UdelaR).

Respecto de la celulósica, dijo que “está bien montada y funciona muy bien en toda la cadena en cuanto a regulaciones, precios, capacidades laborales e industriales, y tiene la posibilidad de crecer”.

Acerca de la cadena de madera sólida, expresó en la revista Forestal que “es la de aserraderos y tableros, donde todavía tenemos bastantes desafíos por enfrentar. Tenemos una oferta de madera mayor de la que podemos industrializar y por eso exportamos madera en trozas”.

Convertir un residuo en materia prima

El Ing. Agr. Carlos Faroppa sostuvo que “el desafío está en dar un paso más hacia la bioeconomía y una economía forestal circular, aprovechando todo lo referido a los productos secundarios forestales”.

Puso como ejemplo a “los chips, el aserrín o la corteza”, productos a los que “deberíamos darles valor en la industria de la generación de energía o biocombustible”.

“Se trata de la transformación de lo que es un residuo” en “un producto con valor como materia prima para otra producción”, explicó.

Definiciones

En un estudio publicado por la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), la bioeconomía es definida y caracterizada de este modo:

“a) una economía basada en el consumo y la producción de bienes y servicios derivados del uso directo y la transformación sostenibles de recursos biológicos, incluyendo los desechos de biomasa generados en los procesos de transformación, producción y consumo;

b) aprovechando el conocimiento de los sistemas, principios y procesos, y

c) las tecnologías aplicables al conocimiento y transformación de los recursos biológicos y a la emulación de procesos y principios biológicos.”

En el documento –titulado “Bioeconomía en América Latina y el Caribe. Contexto global y regional, y perspectivas”– se mencionan “tres ejemplos de recursos biológicos que pueden servir de base para el desarrollo de estrategias nacionales y regionales de bioeconomía: la biodiversidad (incluida la agrobiodiversidad), especialmente en países megadiversos y con ecosistemas únicos; la capacidad para producir biomasa para diversos usos, además de alimentos; y la disponibilidad de desechos agrícolas y agroindustriales.

En Uruguay, el gobierno ha definido a la bioeconomía como “clave del desarrollo productivo” y ha indicado que “busca potenciar los recursos forestales del país a fin de aprovechar las oportunidades del sector, diversificando los productos e impulsando el desarrollo local” (en librillo editado por la Oficina de Planeamiento y Presupuesto –OPP–, serie “El futuro en desarrollo”, Año 4, Nº 10, agosto de 2018).

Por su parte, el concepto central de la economía circular es “producir-usar-reutilizar”, en oposición al paradigma actualmente predominante: “producir-usar-tirar”.

Con esta premisa funciona en nuestro país el Proyecto BioValor, que articulan y ejecutan los ministerios de Industria, Energía y Minería (mediante la Dirección Nacional de Energía); Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (a través de la Dirección Nacional de Medio Ambiente); y Ganadería, Agricultura y Pesca.

“Generando valor con residuos agro-industriales” es la consigna central de BioValor y su objetivo es “inspirar, dinamizar y activar a la comunidad para impulsar la transición hacia la Economía Circular en Uruguay y la región”, integrando el trabajo entre el gobierno, la academia y “actores clave”, se señala en el sitio web del Proyecto (http://biovalor.gub.uy/).